| Ante
un mal día, un
buen tango te hace ver
que siempre puede haber
días peores.
Ante
la tristeza, un buen
tango bien triste te
hace llorar y se te
pasa.
Ante
el mal de amores, un
buen tango te hace sentir
que tu dolor no es nada.
Ante
el mal humor, un buen
tango te hace olvidar
todo: hasta el malhumor.
Ante la
soledad, un buen tango
te da ánimos
de abrazo: ya sea de
levante, con amigos
o enemigos.
Ante el
cansancio, un buen tango
te activa la circulación.
Ante
el miedo, un buen tango
que te hace sentir valiente,
malevo/a y campeón/a.
Ante el
hambre, un buen asado
con vino; o también:
pizza y empanadas.
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